<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet type='text/xsl' href='http://santoposmoderno.spaces.live.com/mmm2008-07-24_12.50/rsspretty.aspx?rssquery=en-US;http%3a%2f%2fsantoposmoderno.spaces.live.com%2fcategory%2fCuentos%2ffeed.rss' version='1.0'?><rss version="2.0" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:msn="http://schemas.microsoft.com/msn/spaces/2005/rss" xmlns:live="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:cf="http://www.microsoft.com/schemas/rss/core/2005" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>.: El rincón del Santo Posmoderno :.: Cuentos</title><description /><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/?_c11_BlogPart_BlogPart=blogview&amp;_c=BlogPart&amp;partqs=catCuentos</link><language>en-US</language><pubDate>Wed, 20 Aug 2008 16:03:20 GMT</pubDate><lastBuildDate>Wed, 20 Aug 2008 16:03:20 GMT</lastBuildDate><generator>Microsoft Spaces v1.1</generator><docs>http://www.rssboard.org/rss-specification</docs><ttl>60</ttl><cf:parentRSS>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/feed.rss</cf:parentRSS><live:type>blogcategory</live:type><live:identity><live:id>3515788704138981443</live:id><live:alias>santoposmoderno</live:alias></live:identity><cf:listinfo><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="typelabel" label="Type" /><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="tag" label="Tag" /><cf:group element="category" label="Category" /><cf:sort element="pubDate" label="Date" data-type="date" default="true" /><cf:sort element="title" label="Title" data-type="string" /><cf:sort ns="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" element="comments" label="Comments" data-type="number" /></cf:listinfo><item><title>Cloé y tú</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1151.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;img hspace=5 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" align=left vspace=5&gt; A Cloé le gustaba llamar a horas imposibles. Las primeras veces conseguía despertar a medio mundo en la casa. Por supuesto, todos consideraban que &amp;quot;estas no son horas de llamar a una casa decente&amp;quot;. Pero a Cloé no le importaba nada de eso porque era incapaz de discernir lo que era decente o indecente en el estado en que se encontraba.  &lt;p&gt;Siempre se escuchaba un sollozo al otro lado del teléfono. Decías: &amp;quot;¿Cloé?&amp;quot; y ella te hablaba despacio, susurrando. Te hablaba con una extraña calma de alguien que está destrozado por dentro y es incapaz de seguir llorando. Quizás por un impulso un poco morboso daban ganas de oírla gritar y respirar entrecortadamente mientras se tragaba sus propias lágrimas. Pero nunca lo hacía. Siempre llamaba después de eso. Siempre después de la tormenta.  &lt;p&gt;Al final te acostumbras a despertar con el primer ring del teléfono, sin importar la hora que fuera. Un reflejo casi pavloviano. Cualquier cosa por evitarse la furia familiar. Escuchas a Cloé una hora sin decir nada. O casi nada. &amp;quot;Ahá&amp;quot; y &amp;quot;m-hm&amp;quot; cada ciertos intervalos para confirmar que estabas ahí. Escuchabas durante una hora su sufrimiento. Era una extraña forma de sufrir la de Cloé. No se quejaba de nimiedades ni le echaba la culpa a otros. Después de un rato terminabas encontrándole razón. De hecho, terminabas convencido de que Cloé no se merecía su sufrimiento.  &lt;p&gt;Al día siguiente era imposible no toparse con ella en el recreo. Nunca salía corriendo o tenía algo demasiado importante que hacer como para no esperar ahí un rato. Te topabas con ella y ella te sonreía, tal vez le brillaban un poco lo ojos. Tal vez no, tal vez era pura imaginación. Se acerca y te da un beso en la mejilla, un verdadero beso en la mejilla. Sabías que ella cerraba los ojos cuando hacía eso.  &lt;p&gt;Te pregunta algo de tu vida, nunca demasiado entrometida aunque hubieras deseado que sí lo fuera. Tantas noches escuchando sus penas que probablemente era la única persona a quien querrías contarle tus cosas. Pero ella no te apuraba, y tú tampoco la obligabas a escuchar tristezas. Ella debía tener suficiente con las suyas como para querer escuchar las tuyas. Cloé escuchaba atentamente lo que decías y no sólo te ponía atención, parecía que entendía también. Y te entendía de verdad, no de mentira.  &lt;p&gt;Probablemente la deferencia de Cloé era la forma de pagar tus noches en vela. A cambio de tu amistad ella te entregaba la suya sincera. Era un buen intercambio. Se sentía bien.  &lt;p&gt;¿Por qué nunca invitar a Cloé a dar una vuelta a Providencia? O juntarse en la casa tuya o en la de ella. Hubiese sido dar un paso más allá, un paso importante (quizás más para ti que para ella, cómo saberlo). ¿Cómo sería Cloé fuera del colegio? Imaginársela sin el jumper de siempre era todo un desafío. Incluso en los días en que estaba de moda llevar pantalones, Cloé llevaba jumper. Sólo para las alianzas aparecía Cloé con ropa de calle. Cloé con una jardinera azul ayudando a pintar un lienzo, Cloé con una jardinera azul ensayando los gritos con los niños más pequeños, Cloé con una jardinera azul tirando una cuerda o cayéndose al barro.  &lt;p&gt;En algunas clases de matemáticas, cuando todos estaban haciendo la guía pero tú ya habías terminado, era divertido imaginar a Cloé con distintos accesorios y dibujarla en los márgenes. Cloé con una jardinera azul y un sombrero de payaso, Cloé con una jardinera azul y una humita, Cloé con una jardinera azul y con cara de mimo.  &lt;p&gt;Cloé nunca estaba fuera de sí. En realidad, casi nunca. Sólo había un momento del día en que podís verla completamente diferente. Aparecía Begoña y Cloé ya no era la misma.  &lt;p&gt;Begoña: esa adolescente despreciable, imitación de &lt;em&gt;pop idol &lt;/em&gt;con sus interminables aires de grandeza, mirando por encima del hombro a medio mundo, y preocupada de las cosas más insignificantes del universo entero. Begoña la culpable de todo.  &lt;p&gt;En el almuerzo familiar la mamá pregunta: &amp;quot;¿Y cuándo vas a invitar a tu amiga?&amp;quot; Y dices cualquier cosa y no puedes evitar pensar que los papás nunca tienen idea de nada. Pero la pregunta es legítima y después del almuerzo te cuestionas si valdrá la pena llamar a Cloé e invitarla un día.  &lt;p&gt;Cuando Begoña aparecía ante sus ojos, sabías que a Cloé se le detenía el corazón. Sabías que Begoña era directa e indirectamente la causante de todo el sufrimiento de Cloé. Cloé podía disimular cualquier cosa excepto a sí misma cuando veía a Begoña. Y en ese momento te dejaba de escuchar atentamente, dejaba de entenderte, dejaba de ser tu amiga y probablemente dejaba de ser persona también. Porque el amor por Begoña la invadía completamente y se convertía en un autómata. Y ahí sí le brillaban los ojos. Y estabas seguro de que no era tu imaginación.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Clo%c3%a9+y+t%c3%ba&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1151.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1151.entry</guid><pubDate>Mon, 22 Jan 2007 16:39:49 GMT</pubDate><slash:comments>5</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!1151/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1151.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2007-01-22T16:39:49Z</dcterms:modified></item><item><title>The man in the box (III)</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1104.entry</link><description>&lt;p&gt; &lt;p&gt;&lt;img src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" align=left hspace=5 vspace=5&gt; No es un superhéroe, es un héroe normal. No tiene archirivales como El Acertijo, Magneto, Lex Luthor o el Kingpin. Don Juan lucha contra los villanos normales, de esos que Batman destruye con una par de ¡paf, ¡punch!, ¡zas!, aquellos que podrían ser los secuaces de El Guasón o el Pingüino. Esos que son cientos, miles tal vez, y que nunca se acaban porque siempre hay otro esperando a la salida del ascensor o en un callejón mal iluminado.  &lt;p&gt;Un clásico diálogo entre don Juan y un villano:  &lt;p&gt;–Grr –gruñe el villano.  &lt;p&gt;–¡Aagggh! –sufre el villano. Y después probablemente muere. Pero cómo saberlo. Lo que haga Don Juan con los villanos es un misterio para nosotros.  &lt;p&gt;Todo superhéroe tiene una doble identidad. Superman es Kent, Batman Wayne y Spider-man Parker. Pero los héroes como don Juan, sólo tienen un carné de identidad. ¿O creían que Superman no tiene su propio &lt;i&gt;aidí&lt;/i&gt;?  &lt;p&gt;–Vengo a atenderme con el Dr. Chaparro.  &lt;p&gt;Y don Juan le recibe el bono Fonasa e ingresa al paciente en el sistema. Por si no se habían dado cuenta: don Juan es un cajero. El cajero de un Centro de Salud Mental.  &lt;p&gt;–Don Juan, ¿qué haría Ud. si un día viene su jefe y le dice: “Don Juan, Ud. es un buen elemento”?  &lt;p&gt;Don Juan me asiente con la cabeza:  &lt;p&gt;–Me han dicho exactamente eso.  &lt;p&gt;Don Juan también tiene que soportar las ironías, descalificaciones y pseudo confirmaciones de un jefe. (O si quieren: &lt;i&gt;boss&lt;/i&gt;, que suena más siniestro).  &lt;p&gt;Todas las noches, a eso de las 8:30 PM, don Juan comienza a cuadrar su caja.  &lt;p&gt;–Si hay algo que me pone de mal genio es que no me cuadre la caja.  &lt;p&gt;Un bono mal extendido, un vuelto mal dado, un billete traspapelado… hay cientos de formas de poner de mal genio a don Juan.  &lt;p&gt;Una noche a don Juan no le cuadró una caja. Esa misma noche se echó a cinco mil patos malos. Don Juan no es como otros (súper)héroes: el suele trabajar con grandes cantidades.  &lt;p&gt;–Don Juan, ¿qué hace Ud. con los villanos?  &lt;p&gt;–Los cancelo a todos.  &lt;p&gt;No pude dormir esa noche. De sólo imaginarme que podía significar eso, me daban espasmos.  &lt;p&gt;En el Centro Médico a don Juan lo han equiparado con el pelado de Lost: Locke. Ese que se las sabe todas.  &lt;p&gt;(En Hawaii, en medio de una grabación, le han dicho a un pelado que de parece a don Juan).  &lt;p&gt;A donde vaya, don Juan siempre lleva su caja. Es como la capa de Superman, o las cápsulas de tela de Spider-man o los batiartilugios de Batman. Por ejemplo, está don Juan esperando la micro a las 10 de la noche en Vicuña Mackenna, al frente del Campus San Joaquín. Entonces se le acerca un malandra y le pregunta:  &lt;p&gt;–¿Tiene hora?  &lt;p&gt;Y don Juan amablemente se mira el reloj de pulsera y le contesta:  &lt;p&gt;–Son las 10, señor.  &lt;p&gt;Y el patomalo comete el craso error –el peor de su vida– y le dice:  &lt;p&gt;–¡Pasa pa’ca shushetumare!  &lt;p&gt;Ah, se me olvidaba: ese día don Juan no había cuadrado la caja. Con ese, iban 10352.  &lt;p&gt;La forma en que don Juan utiliza la caja es un misterio. Según uno de los psicólogos del Centro Médico, don Juan abre la caja, golpea con su puño al villano –de esta forma: verticalmente– y lo aplasta contra el suelo, dejándolo redondito, como una moneda. Y ahí, lo cancela.  &lt;p&gt;Pero es obvio que eso no puede ser. Sólo lo comento a modo de ejemplo, para que vean las payasadas que pueden inventar los psicólogos.  &lt;p&gt;Yo creo que los toma de lado –a lo largo– y en dos movimientos acaba con ellos. He visto a don Juan hacer lo mismo con los completos que venden en el carrito de Vicuña Mackenna. Al menos es más probable que eso del puño; al menos, yo tengo evidencia empírica.  &lt;p&gt;Durante una jornada laboral normal, don Juan pasa la tarde frente al mesón soportando las impertinencias de pacientes y doctores (los psicólogos no, los psicólogos son más simpáticos). En un día de los buenos, don Juan logra ingresar a la caja hasta 9 veces su salario mensual. Esta es otra razón por la cual don Juan decidió hacerse héroe, ya tenía la mitad del camino recorrido.  &lt;p&gt;Hablando de impertinencias, una vez el Dr. Chaparro fue a recepción y don Juan le preguntó si ya había atendido al paciente de las 18:30. El Dr. Chaparro cometió el error –el mayor de su vida– de mirar feo a don Juan. Para su suerte, a esa hora a don Juan todavía no le tocaba cuadrar la caja.  &lt;p&gt;–Don Juan, ¿qué hace Ud. con los villanos?  &lt;p&gt;–Los ingreso, le devuelvo el recibo y le digo que se sienten, que ya los van a llamar.  &lt;p&gt;Durante varios meses estuve tratando de descifrar esa metáfora. ¿Qué era lo que don Juan había tratado de decir con eso? A diferencia de los otros (súper)héroes, que parecen tener el sentido del bien codificado en su ADN, don Juan mostraba una profundidad mucho más esotérica. Una sabiduría que no venía de Kriptón ni de ningún otro planeta. (Por cierto, al día siguiente el Dr. Chaparro apareció con el tabique quebrado y un cabestrillo en el brazo).  &lt;p&gt;El ser simplemente un héroe también trae algunas dificultades a don Juan: Sus archirivales son indestructibles. Si esperamos hasta el último capítulo de la vida de don Juan, veremos que el no triunfará, morirá en las manos de alguno de ellos tres (probablemente de los tres). Estos archienemigos son (en estricto orden de poder):  &lt;ol&gt; &lt;li&gt;El Colesterol  &lt;li&gt;Los Médicos  &lt;li&gt;Su Señora&lt;/ol&gt; &lt;p&gt;El primero es definitivamente el más mortífero de todos pues tiene la capacidad de encogerse a tamaños microscópicos. Su estrategia es siempre la misma: introducirse en los completos que se come don Juan (don Juan tiene cierta debilidad por ellos) y tras entrar en su organismo, se cuela entre sus arterias para taponarlas y producirle destrozos ¡en su cerebro!  &lt;p&gt;(Si será hideputa ese Colesterol).  &lt;p&gt;Los Médicos son los siguientes en la escala de archimalechores. Ellos aconsejan a don Juan destruir a Colesterol muriendo de inanición (!). Don Juan se vería librado de ellos si no fuera porque continuamente está asediado por el tercer enemigo, que lo impele –en contra de su voluntad, la tremenda voluntad de don Juan– a acudir a su encuentro: se trata de su Señora.  &lt;p&gt;Su Señora es el enemigo más débil de los tres, pero no por eso menos importante. Continuamente se le ve haciendo planes para que don Juan caiga en la trampa de los Médicos y siga sus siniestros consejos.  &lt;p&gt;Pero don Juan parece saber que tarde o temprano ellos lo terminarán venciendo. ¿Y entonces quién nos va a librar de los villanos? No puedo creer que don Juan no termine prevaleciendo. Supongo que es porque no siempre el bien vence al mal.  &lt;p&gt;Le pregunto a don Juan: –¿Y qué pasa si un día cae una bomba nuclear en esta ciudad?  &lt;p&gt;–Nos morimos todos –me contesta sonriendo y mostrando sus blanca sonrisa. Porque si hay algo que don Juan comparte con los superhéroes es su sonrisa ancha y blanca. &lt;div&gt;Technorati tags: &lt;a href="http://technorati.com/tags/cuento" rel=tag&gt;cuento&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://technorati.com/tags/don juan" rel=tag&gt;don juan&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+The+man+in+the+box+(III)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1104.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1104.entry</guid><pubDate>Wed, 15 Nov 2006 14:11:51 GMT</pubDate><slash:comments>6</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!1104/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1104.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-11-17T13:50:57Z</dcterms:modified></item><item><title>El gran plan de Boinas</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1091.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;img src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" align=right hspace=5 vspace=5&gt;  &lt;p align=center&gt;i &lt;p&gt;Me dijo que para hacer una bomba de ruido se necesitaba: &lt;ol&gt; &lt;li&gt;una botella de Kem Piña (200 cc.)  &lt;li&gt;con ácido muriático  &lt;li&gt;y monedas de peso&lt;/ol&gt; &lt;p&gt;Las cuestiones sonaban lo suficientemente fuerte como para asustar a un montón varios metros a la redonda. Y, por supuesto, dependiendo del contexto donde se la use y los fines con que se la use, los efectos podían ser aún mayores. &lt;p align=center&gt;ii  &lt;p&gt;A las 10 de la noche de un día miércoles recibí su llamada al celular. Estaba llamando desde un teléfono público en alguna parte de Providencia o Ñuñoa, vaya uno a saber. Me dijo que necesitaba –por favor– que le llevara monedas de un peso, todas las que tuviera o pudiera conseguir, y que se las fuera a dejar a Los Leones, o al &lt;a href="http://www.cinehoyts.cl/"&gt;Cine Hoyts&lt;/a&gt;, donde me conviniera más. Le pregunte que para qué las quería y me dijo que era una explicación larga, y que se le iba a acabar la plata, pero era un asunto importante y no me podía correr con el favor. Y después, pip pip piiip, fin de la comunicación.  &lt;p&gt;Como casi siempre que me piden favores, no los cumplo o los cumplo a medias o los cumplo con mala gana. Pero como le debía un favor de hace poco –me había convidado &lt;em&gt;salvia divinorum&lt;/em&gt;, una droga increíble que había importado desde Argentina a través de Internet– tuve que concederle el favor y –de mala gana– tomé el metro y me fui a Los Leones.  &lt;p&gt;Una vez en camino corroboré que tenía el pedido: en efecto, siempre tengo monedas de un peso. Así cuando voy al supermercado y la cajera me dice que son mil trescientos veintisiete pesos, yo voy y le paso los mil trescientos veintisiete pesos y me siento más astuto que el &lt;a href="http://www.hogardecristo.com/"&gt;Hogar de Cristo&lt;/a&gt;.  &lt;p&gt;Llego a estación Los Leones y vuelve a sonar mi celular. Digo aló. Es él de nuevo. Camina hacia dentro, me dice. Y dónde es adentro, le pregunto yo. Hacia allá, me dice como si pudiera verlo, anda pa' Campus Oriente. Y yo le digo que oquéi y le corto.  &lt;p align=center&gt;iii  &lt;p&gt;Boinas había leído en un foro la siguiente información: el decano de la facultad de Teología era poseedor de un texto antiquísimo avalado en algunos miles de dólares. Se trataba de una página del Evangelio según San Lucas que databa del siglo IV después de Cristo. El contenido más importante sería la parábola de la dracma perdida. Y por sobre todo, un logion jesuano que no aparecería en otras versiones contemporáneas del evangelio y que revelaría algunas características idiosincrásicas de la comunidad en que fue copiado el texto. &lt;p&gt;Ciertas casualidades que sólo se dan en el mundo de la red, hizo que Boinas conociera un comprador de reliquias que estaba dispuesto a comprar el texto en algunos cientos de dólares. Aunque el trato era bastante desfavorable para Boinas, la suma no era nada despreciable.&lt;br&gt;Con el tiempo la posibilidad de conseguir ese dinero rondó la mente de Boinas. Pero por sobre todo sabía que esa cantidad de dinero sería suficiente para comprar todos los materiales que necesitaba para poder instalar su fábrica de &lt;em&gt;psilocybe cubensis&lt;/em&gt;, una especie de hongos alucinógenos que importaría desde Ámsterdam y que –según él– lo haría millonario acá en Chile, debido a un agujero en la ley que le permitiría recolectar el suficiente capital antes de tener problemas serios. Después su fantasía contemplaba un cambio de domicilio a unas tierras al sur de Chile, una conversación con Tompkins y la instalación de una productora clandestina de hongos que proveería a clientes de todo el mundo. La fantasía era peor aún que eso, pero para efectos de dar el primer paso, sólo necesitaba unos cientos de dólares que podía conseguir haciendo un trabajito sencillo. &lt;p&gt;Contactó al comprador de antigüedades y cerró el trato. Le conseguiría la reliquia dentro de un plazo no mayor a dos meses.  &lt;p align=center&gt;iv  &lt;p&gt;Durante ese tiempo, Boinas visitó la Facultad de Teología incansables veces. Hizo las averiguaciones necesarias y llegó a la conclusión de que la mejor forma de concretar su misión era robando la reliquia en un plan maestro que ya comenzaba a urdir.&lt;br&gt;Los materiales para llevar a cabo su plan eran los siguientes: &lt;ul&gt; &lt;li&gt;Una bomba de humo (construida según las indicaciones que encontró en un foro anarquista, a base de glicerina en un tarro nescafé). Peso: 320 gr.  &lt;li&gt;Tres bombas de ruido. Peso: 270 gr. cada una  &lt;li&gt;Aluminio en polvo: 100 gr.  &lt;li&gt;Un walkie-talkie sintonizado en la misma frecuencia que lo ocupan los guardias de seguridad (otro dato obtenido de una página anarquista). 450 gr.  &lt;li&gt;Una mecha, un encendedor y monedas de peso: 80 gr.&lt;/ul&gt; &lt;p&gt;El tiempo requerido para la operación era de 24 minutos. En ese lapso sería capaz de franquear la seguridad a la entrada del campus, distraer a los guardias, irrumpir en la oficina del decano, sacar la reliquia y transportarla fuera del campus sana y salva para la posterior transacción.  &lt;p align=center&gt;v  &lt;p&gt;Boinas se despidió de mí a la entrada del campus. Estaba vestido de azul marino, con un pasamontañas y unos guantes. Por supuesto, no llevaba la boina que lo caracterizaba. Llevaba un pequeño morral con todos los utensilios. Amarrado a su espalda, llevaba un bate de béisbol bastante macizo. Seguramente de acero o algún material así. De hecho, se veía bastante incómodo y pesado como para andarlo acarreando en una misión tan secreta. Cuando le pregunté por qué, me dijo que era el precio del error. Si me equivoco, quizás haya que romperle la pierna a alguien o algo así. Me estrechó la mano y saltó la reja por uno de los costados. &lt;p&gt;La primera fase del plan consistía en dirigirse a la parte trasera del campus, allí donde está la pista de atletismo, e instalar una primera bomba de ruido, una segunda un poco más lejos y una tercera aún más allá. La bomba de humo sería puesta en el otro extremo junto a una casucha. &lt;p&gt;Cuando sonó la primera bomba de ruido, me sobresalté. Imaginé que se las habría ingeniado para utilizar la laberíntica infraestructura del campus como una gran bóveda de resonancia. Inmediatamente vi prenderse la luz de la caseta que da hacia Diagonal Oriente (o Av. Jaime Guzmán Errázuriz) y salir al guardia con cara de qué-ha-pasado-aquí o dónde-estoy, que para estos casos es casi la misma. &lt;p&gt;En ese momento Boinas tomaría su walkie-talkie y en una jerga imposible (el código de los guardias de seguridad, aprendido también vía foro) les señalaría que se dirigieran hacia el fondo del campus. Esta era la parte más peligrosa, toda mi vida imaginé que en casos de emergencia, los guardias dispondrían de un estratagema especial para diseminarse eficientemente por el campus y controlar todos los puntos. Pero según Boinas eso no es así: he visto a todos los guardias de un banco yéndose al estacionamiento de atrás, sólo porque un gil no sabía usar la maquinita para salir. Absurdo o no, eso fue lo que pasó. Y lentamente los guardias empezaron a desplazarse y dejaron las vías despejadas para que Boina retornara hacia la facultad de Teología. &lt;p&gt;Las siguientes bombas de ruido explotaron en un intervalo menor. El ruido fue diferente pero no menos estruendoso. Me fijé que en algunas casas se prendían luces, y la gente salía a mirar. En otras casas se apagaban las luces y se corrían las cortinas levemente. No pude evitar pensar que estando yo ahí, parado en la mitad de la calle, podía involucrarme con el asunto. Así que corrí a esconderme (en realidad no corrí, sólo troté, o quizás ni siquiera eso), pero mientras lo hacía no pude evitar pensar que haciendo eso sí que disiparía toda duda acerca de que yo estuviera involucrado en el asunto. Entonces me paré. Y caminé lo más normalmente posible (lo que en esos momentos es imposible para la percepción subjetiva). Fue cuando escuché un oiga y el corazón me empezó a latir a mil. Me di vuelta instintivamente. Era un taxista que quería compartir su extrañeza conmigo. Mientras me metía conversa, Boinas ya estaría en la tercera fase del plan. &lt;p&gt;Boinas se paró fuera de la puerta de la facultad y colocó la mecha con el aluminio en polvo junto a la ranura y la chapa. Según él, no había necesidad de forzar una puerta si se podía derretir la chapa con aluminio hirviendo. Puesto que el material fue prohibido después del 73 por el posible uso militar que podía dársele, Boinas tuvo que conseguir el suyo recurriendo a un colegio: los laboratorios de colegio casi siempre tienen sus materiales juntando polvo en una gaveta. &lt;p&gt;Con la facilidad que el aluminio en polvo llega a temperaturas de miles de grados celsius en un par de segundos, Boinas ya estaba listo para entrar a la cuarta fase del plan. La parte que tenía que realizar más rápido, porque la alarma comenzaría a sonar apenas el diera un paso dentro del hall. A toda velocidad corrió, se dirigió a la oficina del Decano y rompió el vidrio que hacía de muralla junto a la puerta. Prendió la luz instintivamente y buscó la caja que estaba junto a una versión de &amp;quot;Die heilige Schrift&amp;quot; de 1805. La caja estaba sellada, pero no había duda: tenía que ser la caja con el texto. &lt;p&gt;Salió rápidamente del lugar con la caja en su bolso y se dirigió a la escalera este, la que baja y lleva directamente a los estacionamientos. Cuando cruzó el umbral vio dos sombras que venían hacia él desde la cancha trasera. Entonces empezó a correr hacia la salida. Sólo un par de metros lo distanciaban de la calle. &lt;p&gt;Desde donde yo estaba podía escuchar las voces de la persecución. Y vi cuando Boinas se subía a la reja y trataba de saltarla. Logré reconocer su cara. Había olvidado algo: el picadillo de paciflora. Este elemento con inhibidor de la monoaminooxidasa demoraba la degradación de la adrenalina, algo que le hubiera permitido –según él– saltar la reja de un sólo salto. De todas formas, los guardias no lo alcanzaban desde el piso. Pero uno de ellos tenía la llave y comenzaba a abrir la reja. Será que cuando uno está más apurado no atina a achuntarle a la llave correcta, o quizás justo se había echado a perder el candado. Lo cierto es que para cuando los guardias lograron abrir el portón, Boinas ya estaba dentro del taxi –el del taxista que me quiso conversar– y se metían por una calle perpendicular (o debiera decir oblicua) a Diagonal Oriente. &lt;p align=center&gt;vi  &lt;p&gt;A los diez días, el noticiario mostró la captura del presunto malhechor: un estudiante de cuarto año de la carrera de Arte Precolombino en &lt;abbr title="Universidad de Arte y Ciencias Sociales"&gt;ARCIS&lt;/abbr&gt;. Con ello se daba por concluido el caso y todo el mundo quedó satisfecho –excepto la gente de &lt;abbr title="Universidad de Arte y Ciencias Sociales"&gt;ARCIS&lt;/abbr&gt;. Nadie dudó de la culpabilidad del individuo, ni siquiera yo. Algo malo tendría que haber hecho de todas formas. &lt;p&gt;Lo cierto es que Boinas seguía como siempre. Cuando le pregunté cómo le había ido con la transacción, no me quiso decir. Nunca le vi ninguna fábrica de hongos ni nada que se le asemejara. Cuando le tocaban el tema, decía que no podía contar, que era secreto. Pasó el tiempo y no nos quedó otra que olvidar el asunto. &lt;p&gt;Al año siguiente, Boinas se salió de la carrera y dio la &lt;abbr title="Prueba de Selección Universitaria"&gt;PSU&lt;/abbr&gt; de nuevo. Entró a la Chile, a Bachillerato. &lt;p&gt;Desde entonces, no vuelto a verlo.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+El+gran+plan+de+Boinas&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1091.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1091.entry</guid><pubDate>Fri, 03 Nov 2006 01:26:29 GMT</pubDate><slash:comments>6</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!1091/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1091.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-11-03T02:41:45Z</dcterms:modified></item><item><title>Le fabuleux destin d'VJ</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1056.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;img src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" align=left height=98 hspace=5 vspace=5 width=98&gt;VJ salió por la mañana con tantas ganas de hacer algo que no fuera ver el matinal, que olvidó vestirse, ponerse el piercing en la nariz y lavarse los dientes.&lt;p&gt;Cuando cerró su puerta ya era demasiado tarde. Su vecina lo miraba con una cara extrañísima. Será que le andaba mirando el pirulín. (O manguaco, o tula, o el-que-te-jedi, o arrollado de venas, o falo). Sí, porque la vieja hacía tiempo que no veía un miembro viril en su estado matutino, en su estado lacio. Su marido sólo se lo mostraba para ensartársela de vez en vez, por las noches, cuando ella hubiera querido hacer cualquier cosa menos eso que llaman &amp;quot;el amor&amp;quot; pero que definitivamente está lejos de ser eso y muy cerca de ser cualquier otra wevada. [Lo de wevada fue a propósito].&lt;p&gt;Así fue como VJ se dio cuenta muy tarde que ya no había vuelta atrás. Que la maldita costumbre de acostarse desnudo le traería un triste final en las manos (¡ay, no por Dios!), digo en los ojos de su vecina.&lt;p&gt;En ese momento, y como invocando a una revista juvenil, VJ deseó que lo tragase la tierra. Y ese deseo implicaba muchas cosas. Entre otras que lo que comúnmente llamamos piso, se abriera y lo dejara caer para que el pudiera desaparecer a la vista de su vecina. Si VJ hubiera reparado en este deseo, hubiera encontrado una profunda relación entre el sentimiento de vergüenza y la situación de ser visto por un otro. Si VJ hubiera tenido los conocimientos necesarios se hubiera convertido en un gran teórico de la vergüenza. Quizás hasta hubiera redefinido la visión del hombre: &amp;quot;El Ser hacia la Vergüenza&amp;quot;. Y cuántos hubieran seguido sus pasos, cuántos hubieran adherido a su escuela, el viyei-ismo, y tendría adláteres por todas partes del globo, los llamados neoviyeiistas.&lt;p&gt;Pero no. VJ no hizo eso, porque de partida VJ era cualquier cosa menos una persona reflexiva. A VJ le tenía sin cuidado &amp;quot;pensar&amp;quot; cualquier cosa que no estuviera relacionada con cómo engrupirse a una mina en un carrete o cómo ser más popular en el topten de los fotologs de su curso. Por eso, VJ no pensó en el horizonte de posibilidades que se desplegaban antes sus ojos respecto de la vergüenza y la ontología del hombre. Y por esto, YHWH lo castigó.&lt;p&gt;El castigo consistía en que VJ bailaría &lt;span style="font-style:italic"&gt;reggaetón &lt;/span&gt;frente a su vecina. Desnudo, por supuesto. Vieran la cara de esa señora, ¡cómo retorcía sus manos en la manguera con la que estaba regando las plantas! Porque, créanlo o no, esta señora le había echado el ojo al vecino. (Sí, estas cosas pasan en los NSE bajos).&lt;p&gt;Cuando terminó de bailar, VJ saltó a través de la ventana (rompió todos los vidrios). Se hizo un par de cortes. Corrió hasta su pieza y se acostó. Se durmió y olvidó todo. Porque fue como un sueño y los sueños (casi) siempre se olvidan. Esta vez fue una de esas veces.&lt;p&gt;Cuando VJ despertó le dieron ganas de hacer cualquier cosa que no fuera ver el matinal. Pero cuando se bajó de la cama, vio su cuerpo ensangrentado y olvidó de pronto todo lo que quería hacer.&lt;p&gt;Ahora VJ estaba consternado. Ese día VJ podría haber hecho muchas cosas interesantes y productivas, como salvar el día o ayudar a una abuelita a cruzar la calle. Pero dado su penoso estado, prefirió quedarse en casa para curarse las heridas. Seguramente lo iba a hacer mientras veía el matinal (si VJ hubiera tenido cable, estaría viendo MTV). Y puesto que otra vez había perdido un horizonte de grandiosas posibilidades y se había vuelto a quedar en casa haciendo wevadas (a propósito de nuevo), YWHW lo castigó.&lt;p&gt;PD: El tema se llamaba &amp;quot;Princesa&amp;quot;.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Le+fabuleux+destin+d'VJ&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1056.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1056.entry</guid><pubDate>Wed, 20 Sep 2006 04:00:55 GMT</pubDate><slash:comments>2</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!1056/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1056.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-09-20T04:00:55Z</dcterms:modified></item><item><title>Hey, Pluto! C'mon boy!</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1045.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;img hspace=5 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" align=left vspace=5&gt;– &lt;em&gt;Hey, Pluto! Come on, boy!&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;Por primera vez hacía mucho tiempo que su amigo no respondía a su llamado. El grito, más que un mandato, era una cábala, era la forma como durante décadas ambos habían comenzado cada jornada de trabajo.
&lt;p&gt;Buscó tras bambalinas pero no halló nada. Cuando el director empezaba a impacientarse pensó que podía tratarse de algo serio. Y dijo:
&lt;p&gt;– Iré a ver al camarín.
&lt;p&gt;Y ahí lo encontró sentado junto al tocador, con la cara demacrada, media amarillenta, como si algo anduviera muy, muy mal.
&lt;p&gt;– Te estamos esperando –le dijo.
&lt;p&gt;Su compañero lo miró a través del espejo pero no dijo nada.
&lt;p&gt;Mickey entró despacio y cerró la puerta tras de sí. Se sentó a su lado.
&lt;p&gt;– ¿Tienes un cigarrillo? –le preguntó Pluto.&lt;br&gt;– No. No fumo.
&lt;p&gt;Hoy era un mal día para Pluto. Cuando abrió el periódico en la mañana se enteró de la fatídica noticia: Un grupo de astrónomos votó por amplia mayoría que Plutón ya no conservaría su estatuto de planeta.
&lt;p&gt;– Hoy no puedo trabajar –le dijo sin despegar los ojos del espejo–. Creo que mejor voy por algo al bar.
&lt;p&gt;Mickey dudó un instante.
&lt;p&gt;– Está bien –dijo–. Les diré a los muchachos. Nos vemos allá.
&lt;p&gt;Minutos más tarde Mickey entró a aquel lugar que hacía tantos años no visitaba. Que por esa razón le evocaba recuerdos ambiguos, repulsivos a veces. Se trataba de una sensación que hacía años había decidido sepultar.
&lt;p&gt;Se sentó a la barra junto a su amigo y saludó al cantinero con decisión. Pero cuando este le devolvió la mirada, Mickey no pudo evitar mirar a un costado.
&lt;p&gt;– Hola, Pete –dijo al fin.&lt;br&gt;– ¡Mick! Tanto tiempo, hombre...
&lt;p&gt;Pluto acababa de terminarse un vaso.
&lt;p&gt;– Danos dos whiskys –le dijo a Pete–. El mío que sea doble.&lt;br&gt;– Este... –titubeó Mickey– voy a preferir una Coca-Cola.
&lt;p&gt;Mickey notó la sonrisa que se dibujó en los labios de Pete. Pero este no emitió ningún comentario. Se alejó en busca de la Coca-Cola.
&lt;p&gt;– No es el final... –dijo Mickey–. Estas cosas pasan. Ya verás como en un tiempo más no tendrá importancia.&lt;br&gt;– Tú no sabes. –La voz de Pluto era tan sombría que Mickey pensó por un instante en la situación y sintió que estaba haciendo el ridículo.
&lt;p&gt;– Uno doble –intervino Pete sirviendo el vaso de Pluto–. Y el refresco.
&lt;p&gt;Cuando Pete se fue, dejó un silencio que incomodaba especialmente al ratón. Por su parte, Pluto, no parecía prestar mayor atención a su amigo. Sólo después de unos minutos que parecieron interminables, habló:
&lt;p&gt;– ¿Acaso te olvidas de hace veinte años? –preguntó Pluto sin mirarlo siquiera– ¿Te olvidas de esos guitarristas drogadictos vistiendo poleras de Mickey Rat?
&lt;p&gt;Por supuesto que Mickey recordaba aquella época. Sin lugar a dudas, el punto más crítico de su carrera. Su depresión, las continuas amenazas de despido por parte de Estudios Disney. Una época en la que aparecieron nuevas caras, que hablaban de una revolución en la animación. Hologramas y tercera dimensión cuando sólo el 1% de los americanos tenía computador en sus casas. Sí, definitivamente una época llena de tribulaciones. Los animadores se dedicaron a las megaproducciones. Una cada año. Cómo olvidar a La Sirenita, Aladdín, El Rey León. Todos estos esfuerzos que parecían querer ocultar el fracaso vital de Mickey Mouse. Las acciones de Disney habían bajado y su imagen ya no vendía más que la de El Fantasma del Espacio. Minnie había amenazado con dejarlo. Y para colmo, aparecían esos rockeros desaliñados vistiendo prendas con sátiras de él mismo. Como si quisieran burlarse de su decadencia.
&lt;p&gt;Mickey sabía lo que significaba eso. Sabía que Pluto estaba en un hoyo y que sería muy difícil sacarlo de ahí.
&lt;p&gt;– ¿Cómo está Max? –preguntó evitando el tema. Pero su voz, que le salió como un hilo, delató sus pensamientos oscuros.&lt;br&gt;– Bien –respondió Pluto.
&lt;p&gt;Y añadió: – Los Estudios le ofrecieron una nueva película junto a Tribilín. &amp;quot;Goofy 3&amp;quot; creo que se va a llamar. Deberían darles un Oscar a estos tipos por su creatividad.
&lt;p&gt;Mickey soltó una risa. Una exactamente igual como las que hacía para la TV. Por esa razón se llevó las manos a la boca y susurró algo así como una disculpa.
&lt;p&gt;– Ese chico llegará lejos. Ya lo ves, lleva solo un par de años y ya hace papeles protagónicos. Es mucho mejor que yo. Cuando lo veo en sus películas me cuesta creer que no es el hijo verdadero de Tribilín. Su madre estaría orgullosa de él...
&lt;p&gt;A Mickey no se lo ocurrió otra cosa más que poner la mano sobre la espalda de su amigo.
&lt;p&gt;– Tú siempre tendrás tus fans –lo consoló–. A pesar de todo, eres muy popular entre los niños más pequeños.&lt;br&gt;– Ya nada es como antes, Mickey. –Le hizo una seña a Pete para que rellenara su vaso. –Recuerda los viejos tiempos. ¿Quién fue el que estuvo junto a Walt para perseguir a esos comunistas? ¡Entonces dimos una gran batalla para atrapar a los traidores! Y ahora que Walt se ha ido... ¡Fíjate que volvieron los rumores de que lo tienen criogenizado! La gente no tiene idea de nada...
&lt;p&gt;Continuó hablando del pasado y del presente, del futuro –como lo veía él– y de los problemas de Estudios Disney. Mickey lo escuchaba con atención, pero no sin una pizca de compasión. Al cabo de unas horas sintió que había escuchado lo suficiente. Miraba cómo Pluto se encorvaba más y más con el vaso en la mano y tuvo lástima de él. Sabía que no era mucho lo que podía hacer. Por eso pidió a Dios por su bienestar.
&lt;p&gt;– Creo que ya es hora de irme –dijo mirando el reloj–. Minnie seguramente debe estar preocupada.&lt;br&gt;– Oh, claro.
&lt;p&gt;Mickey tomó sus cosas y se levantó del asiento.
&lt;p&gt;– Buenas noches, Pete.
&lt;p&gt;Pete le contestó desde el otro lado de la barra.
&lt;p&gt;– Gracias por escucharme.&lt;br&gt;– Vamos, muchacho, para eso estamos los amigos –y cuando dijo eso, pensó que estaba parafraseando alguna de sus líneas–. Ya sabes, si tienes problemas puedo hablar con el Reverendo...&lt;br&gt;– Sí, gracias Mickey, ya me lo dijiste.&lt;br&gt;– Como quieras. Buenas noches.
&lt;p&gt;Pluto siguió sentado terminándose su cuarto o quinto vaso.
&lt;p&gt;– Ya vamos a cerrar, amigo –dijo Pete tomando el vaso vacío de Pluto para lavarlo y guardarlo.&lt;br&gt;– Sí, por supuesto. ¿Cuánto te debo?&lt;br&gt;– No te preocupes, no pude evitar escuchar. Esta vez la casa invita.
&lt;p&gt;Pluto quiso mover la cola en forma de agradecimiento. Pero no pudo. Se levantó pesadamente de su asiento y se volteó para irse. Cuando estaba por salir Pete le gritó:
&lt;p&gt;– Lo siento, lo siento de veras.&lt;br&gt;– Adiós, Pete –respondió Pluto.
&lt;p&gt;Fue lo único que atinó a decir.
&lt;hr&gt;

&lt;p&gt;&lt;em&gt;* [Perdió contingencia pero no lo quería publicar hasta que fuera juzgado en el Taller de Cuentos. No le fue tan mal como pensé.]&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Tags: &lt;/em&gt;&lt;a href="http://technorati.com/tag/pluto" rel=tag&gt;pluto&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://technorati.com/tag/plut%C3%B3n" rel=tag&gt;plutón&lt;/a&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Hey%2c+Pluto!+C'mon+boy!&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1045.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1045.entry</guid><pubDate>Fri, 08 Sep 2006 02:57:10 GMT</pubDate><slash:comments>3</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!1045/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!1045.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-09-08T02:57:10Z</dcterms:modified></item><item><title>La última fecha de la intervención</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!969.entry</link><description>&lt;img src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf76pHpCzTha6f0Qw7unqTlOOQb9nqIi2DKMB0uZEqnmhT6UpHs1rEuoyTfN__imyyropbD95siFxAeCVdRIrcvKYcLfzTnl95c" align=left&gt; 
&lt;p&gt;El viernes fue la última vez que visitamos la escuelita Julio Barrenechea E-209. Por obra y gracia del curso de Teoría Conductual habíamos estado asistiendo periódicamente para realizar una intervención. Nuestro objetivo: lograr que los niños sacaran los útiles cuando la profesora se los pedía. Nuestro resultado: nulo. (Que en investigación se escribe: &amp;quot;no es estadísticamente significativo&amp;quot;).
&lt;p&gt;Les habíamos prometido a los niños que iríamos a despedirnos. ¿Cómo? Con una convivencia que costearíamos de nuestros propios bolsillos (bolsillos que ya habían sido lentamente desangrados por estos críos). Para ese día les llevamos muchos suflés marca chancho, Líder Cola de todos los sabores y galletas Santiago (entre otros tóxicos envasados).
&lt;p&gt;Todos estaban felices comiendo: unos hacían figuritas con los suflitos atravesados por ramitas; otros tomaban servilletas y hacían paquetes de comida para compartir con la familia a la hora de la once.
&lt;p&gt;En un momento Max, nuestro compañero de grupo, se para al frente y pide silencio. Exclama:
&lt;p&gt;- ¡Niños! Bueno, nosotros queríamos agradecerles por dejarnos estar aquí y compartir con Uds. Estamos súper contentos de haberlos conocido. Uds. son personas súper simpáticas y... eso. Muchas gracias a todos.
&lt;p&gt;Todos aplaudimos. Por cortesía.
&lt;p&gt;Max miró alrededor. Y leí en sus ojos: «¿Alguien quiere decir algo?»
&lt;p&gt;Tomé la palabra:
&lt;p&gt;- Bueno, sí. Yo quiero decir algo. -Carraspeé-. Niños, yo les tengo que decir algo muy importante. Aquí entre todos Uds. hay un niño muy particular. Su nombre es Francisco.
&lt;p&gt;Caminé hacia él mientras lo apuntaba con el dedo.
&lt;p&gt;- ¡Él es un maricón! ¿Escucharon todos? ¡Es un HOMOSEXUAL! ¡Cómo olvidar su amanerada forma de preguntar! «Ay, tía, yo no quiero jugar». ¡Fleto de mierda, weón! ¡Y cuando te picabai! ¡Se notaba tanto tu paranoia emergente!
&lt;p&gt;Los de mi grupo me miraban consternados pero no dijeron nada. Francisco, el acusado, se puso a llorar con ira. Tomó unos suflitos y me los tiró. Después se paró y se vino contra mí. Yo esquivé su penosa embestida y lo tumbé en el suelo.
&lt;p&gt;- Pa' que aprendas, pendejo desgraciado. Quién es el que tiene el poder, ¿ah? -le decía mientras le pisaba la espalda-. Todavía recuerdo tus pataletas -le dije. Junté un gran escupo y se lo dejé caer lentamente sobre la cara. Mis años de práctica escupiéndole a las hormigas ahora me daba un gratificante resultado.
&lt;p&gt;Alguien me tironeó.
&lt;p&gt;- Ya, nos vamos -dijo alguien de mi grupo. Antes que arreglar las cosas, prefirieron una escapada. De esas bien olímpicas. (Lo encontré una técnica genial).
&lt;p&gt;No alcanzábamos ni a salir cuando uno de los niños se paró. Era Martín, el cojo. Rengueando, rengueando alcanzo a agarrar a la Cata antes de que lograramos escapar. Se aferró a ella con dientes y uñas.
&lt;p&gt;En esa parte yo imagino que ella dice para su adentros algo que suena como: «Damn it!», que en arameo significa: &amp;quot;YHWH te maldiga, maldito leproso&amp;quot;. Me llama diciendo:
&lt;p&gt;- Ayúdame con este niño.
&lt;p&gt;Me volteé rápidamente. Sabía que este asunto debía solucionarse al instante o aquella horda de infantes (del francés &lt;em&gt;in-fans&lt;/em&gt;, &amp;quot;sin voz&amp;quot;) nos comería vivos. De la misma forma en que lo hubiera hecho con Max unas semanas antes.
&lt;p&gt;Mientras se acercaba esta turba sólo atiné a realizar un ataque psicológico, un poco más lento pero mucho más doloroso y efectivo que el ataque físico-energético. Además no deja material que el Instiuto Médico legal pueda constatar.
&lt;p&gt;- ¡Mira tullido! -le grité-. Suelta a la Cata. Sabemos que te aferras a ella, por cómo te trataba. Con su sonrisa y su aceptación, ¡fantaseaste inconscientemente que se trataría de una madre! ¡Una madre a cuyo útero podrías volver para que te reparara tu pierna! Porque aún sientes que tu madre verdadera te echó al mundo incompleto, tullido...
&lt;p&gt;Le tembló la mano un instante y lo aprovechamos de remover con una palita que había por ahí. Lo dejamos dentro de la sala y cerramos la puerta de un portazo. Si la turba chocó o no con la puerta, eso es un gran misterio. Un misterio irresoluble. Porque no volvimos a ese colegio. Ni el viernes próximo ni ninguno.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+La+%c3%baltima+fecha+de+la+intervenci%c3%b3n&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!969.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!969.entry</guid><pubDate>Wed, 21 Jun 2006 00:36:19 GMT</pubDate><slash:comments>7</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!969/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!969.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-06-21T00:36:19Z</dcterms:modified></item><item><title>Bla bla y una moraleja</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!889.entry</link><description>&lt;img src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf76pHpCzTha6f0Qw7unqTlOOQb9nqIi2DKMB0uZEqnmhT6UpHs1rEuoyTfN__imyyropbD95siFxAeCVdRIrcvKYcLfzTnl95c" align=left&gt;
&lt;p&gt;Me encontraba yo tan imbuido en la lectura del nuevo Harry Potter que si alguien se hubiese aparecido al lado mío «por arte de magia» no lo hubiera considerado extraño. Éramos como cinco o seis personas y estábamos gozando del verano en una playa sureña. Por suerte me había conseguido un buen quitasol para no achicharrarme en la noble tarea de leer. Gozaba también del beneficio de la sombra, Marisol, que era una de las amiga de mi amigo que nos había invitado.
&lt;p&gt;– ¡Vamos a jugar vólei! –gritó Matías mientras corría con una pelota hacia la red.&lt;br&gt;– Dejen terminarme el capítulo –dije más o menos despacio de forma que nadie me escuchó pero yo me di por excusado.
&lt;p&gt;Marisol tampoco se movió. Ella estaba mirando el agua sentada sobre la arena. No andaba en onda playera precisamente. De hecho andaba vestida con pantalones y una polera. Sí había tenido la audacia de sacarse los calcetines.
&lt;p&gt;Jorge y su bastante-bonita-pero-un-poco-antipática polola Josefina pasaron al lado de nosotros.
&lt;p&gt;– ¿Van? –preguntó Jorge.&lt;br&gt;– Al tiro –respondí– déjame terminar esto y... –seguí leyendo sin concluirla frase.&lt;br&gt;– ¿Y tú? –Le preguntó a Marisol–. ¿Todavía estás vestida?
&lt;p&gt;Marisol se excusó con algo que no entendí muy bien pero tampoco parecía tener mucho sentido.
&lt;p&gt;– Hay gente que se avergüenza de su cuerpo –dijo por lo bajo Josefina, la polola de Jorge.
&lt;p&gt;Ese comentario sí lo escuché muy bien y no me pareció muy atinado de su parte. Además no era primera vez que hacía algo así, ni la primera vez que la pobre Marisol era la víctima.
&lt;p&gt;– Oye, Jose –la llamé. Jorge justo estaba recibiendo un pase largo de Matías así que se fue directo a jugar.
&lt;p&gt;Se acercó hacia mí y le pregunté: – ¿Tú eras gordita cuando chica?
&lt;p&gt;Se le encendieron las mejillas y me contestó casi gritando: – ¡Y a ti qué te importa!
&lt;p&gt;– Sabes –le dije–, escuché lo que le dijiste a la Marisol recién. Y fue bastante degradante, la verdad. Y por si fuera poco, hiciste una acusación falaz.&lt;br&gt;»De partida, del hecho de que ella esté vestida mientras tú andas con tu bikini paseándote al sol, no se sigue de ninguna manera que ella se avergüence de su cuerpo. Es más, no sé si sabes que para los católicos el cuerpo es un regalo de Dios: ¿y quiénes son los más orgullosos de su regalo sino los curas y las monjas, precisamente los más católicos de todos y al mismo tiempo los que andan más tapados? Seguramente tú andas con un bikini mostrándote porque no te avergüenzas de nada. A ver, demuéstranos tu seguridad y sácate toda la ropa. Ya que estás tan orgullosa. ¿Ah no? ¿No te atreves? Pues déjame decirte algo: Si ahora andas con bikini, eso nada nos dice de tu propia seguridad. Sólo nos dice que has estado en un contexto que ha favorecido tu conducta. Si te fueras a un lugar donde la gente te criticara severamente por andar destapada, seguramente tus hábitos cambiarían rápidamente. Al final, ese orgullo por tu cuerpo del que seguramente te pavoneas no es tuyo. Descansa en la aprobación de los demás. Sólo recordemos la historia de Marylin Monroe, una mujer espectacular para su época que seguramente no se avergonzaba de su cuerpo pero ¡oh! se terminó suicidando. ¡Qué segura de sí misma debió ser ella! ¿No crees?
&lt;p&gt;– ¡Jose, ven a jugar po! –Le gritó Jorge.&lt;br&gt;– Ahora anda a jugar con el que alaba tus curvas y deja a la Marisol tranquila –le dije mientras retomaba mi lectura.
&lt;p&gt;Parece que me hizo un gesto raro pero no lo capté, porque no quería darle pie a una contestación.
&lt;p&gt;Después de un silencio, Marisol me dirigió la palabra: – Oye, te encontré harta razón en eso que dijiste. En realidad, la gente como ella como no está segura de lo suyo, lo tiene que andar mostrando para que el resto la apruebe...&lt;br&gt;– Disculpa –la interrumpí–, pero no es verdad lo que dije. No me encuentres la razón.&lt;br&gt;– ¿Ah? –vaciló Marisol.&lt;br&gt;– De lo que pasó aquí hay dos cosas importantes. Y una es una moraleja para ti, no para ella.&lt;br&gt;– No entiendo.&lt;br&gt;– Mira yo no sé si lo que ella dijo sobre ti es cierto o no. De hecho, eso es lo que menos importa. Lo realmente importante es que ella no pudo decirme nada después de lo que le dije, porque seguramente no pudo rebatir mis argumentos. Quizás ahora se lo crea un poco. Filo. La moraleja es que la realidad no es algo constante y se puede cambiar. Especialmente usando discursos que suenan más o menos lógicos. Aunque no importa si lo sean en realidad. Lo que debes tener en cuenta siempre, y en especial con este tipo de personas, es que no saben lo que te acabo de decir. Ellos se toman la vida demasiado en serio. Uno que sí lo sabe, está consciente de que las cosas no son definitivas. Uno no debe creerle a nadie lo que dice, ni siquiera a uno mismo. Son todos ejercicios retóricos.&lt;br&gt;– Pero, si me dices eso... ¿qué hay de los sentimientos? Si pones todo en duda, no puedes creer en el amor, ni en la amistad, etcétera...&lt;br&gt;– Obvio que no puedes desde un punto de vista teórico. Yo te puedo dar un discurso de tres horas acerca de la amistad. Y puede que tenga mucho sentido. Pero al final yo sé que todo lo que te dije fue un bonito invento. La cuestión es otra: yo puedo elegir defenderte a ti frente a una pesada como la Josefina sin necesidad de tener la certeza de la existencia de la amistad que hay entre tú y yo. Lo importante aquí es que yo estoy consciente de ello y a mí no me vienen con verdades baratas. En cambio a la Josefina si la podemos engañar.&lt;br&gt;– Mm... –dijo la Marisol con un tono de no muy convencida– creo que algo te estoy captando. –Y agregó:– ¿Cuál era la otra moraleja?&lt;br&gt;– Lo otro es que nadie es tan elocuente en la vida real como yo lo fui hace un rato con la Josefina. Probablemente estamos metidos en un cuento de algún blog o algo así.&lt;br&gt;– Ja –se burló la Marisol–. ¿Y cómo sabes que es un blog y no un libro?&lt;br&gt;– Bueno, esa es una información que me confió el mismo autor del texto.
&lt;p&gt;Por la cara que puso, parece que Marisol no me terminaba de creer.
&lt;p&gt;– De hecho –le dije–, fíjate como ando vestido.
&lt;p&gt;En ese momento ambos nos percatamos de eso.
&lt;p&gt;– ¡Es como una especie de &lt;em&gt;hot pants&lt;/em&gt;! –exclamó Marisol y empezó a reírse–. Además mira lo blancas que están tus piernas. Parecen una pantruca.&lt;br&gt;– Seguramente el autor de este texto no sabía si debía poner esas palabras que le dije a la Josefina en un salvavidas de Baywatch o en una rata de biblioteca –concluí un poco desilusionado.&lt;br&gt;– ¿Sabes? De tanto bla-bla me dio un poco de hambre –me dijo Marisol al fin–.&lt;br&gt;– ¿Nos vamos? –Pregunté.
&lt;p&gt;Marisol asintió con la cabeza. Entonces nos levantamos y tomamos nuestras cosas. Después pegamos un gran salto y nos fuimos volando hasta la casa.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Bla+bla+y+una+moraleja&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!889.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!889.entry</guid><pubDate>Wed, 15 Mar 2006 22:13:03 GMT</pubDate><slash:comments>8</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!889/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!889.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-15T22:13:03Z</dcterms:modified></item><item><title>La muerte de don Genaro</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!661.entry</link><description>&lt;img height=96 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" width=96 align=left&gt; 
&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Este texto data del 12 de mayo del 2003. A pesar de su antigüedad, he decidido publicarlo tal cual, sin modificaciones. Más allá de su valor literario rescato su valor histórico: Ciertamente se trata de uno de mis primeras creaciones y como tal le guardo cierto afecto. Además es un texto contemporáneo a &lt;/em&gt;&lt;a href="http://spaces.msn.com/members/santoposmoderno/Blog/cns!1pfnYiy1_VehSMYcxtOaLZCA!480.entry"&gt;&lt;em&gt;Conversación en la sala&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;, posteado anteriormente.)&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;Don Genaro tenía exactamente 72 años cuando una enfermedad lo hizo postrarse en su cama definitivamente. Tanto él como su familia sabían que era cosa de tiempo para que la fiebre y los dolores acabaran con la vida del pobre anciano.
&lt;p&gt;Cierta noche, cerca de las cinco de la mañana, se abrió la puerta de la habitación iluminada de don Genaro y entró una silueta encapuchada. El hábito era largo y negro, contorneaba una joven figura femenina y le tapaba adecuadamente el rostro con una caperuza. Ésta se detuvo frente a la cama de don Genaro y le dijo:
&lt;p&gt;–He venido por usted, señor.&lt;br&gt;–¿Quién es usted? –preguntó asombrado el anciano invadido–, ¿qué quiere de mí?&lt;br&gt;–Soy la Muerte –dijo, echándose hacia atrás la capucha y dejando ver un rostro grácil, de cabellos largos y negros con unos ojos tan azules como el mismísimo cielo.
&lt;p&gt;Don Genaro dudó de esta afirmación y se quedó perplejo en su cama. Sin poder moverse y sin saber qué decir exactamente, se aventuró desafiando al extraño huésped:
&lt;p&gt;–Si es usted… –bajó su tono de voz– quien dice ser. Entonces, ¡demuéstrelo! –y al decir esto una gota helada corrió por su rostro.
&lt;p&gt;La mujer se sentó en la silla junto a su cama y le tomó el brazo.
&lt;p&gt;–¿Qué siente? –le preguntó.&lt;br&gt;–Nada.&lt;br&gt;–Y hasta hace unos segundos usted no podía ni moverse del dolor.
&lt;p&gt;Don Genaro estaba completamente asombrado de esta demostración y entonces no dudó ni un segundo de la reveladora identidad del personaje que tenía al frente.
&lt;p&gt;Pasaron unos cuantos minutos antes de que se reanudara la conversación.
&lt;p&gt;–Supongo que ha llegado mi hora.&lt;br&gt;–En efecto –dijo la señorita moviendo sus graciosos labios–, por lo que he venido a llevármelo.&lt;br&gt;–¿Y cómo lo hará usted? –preguntó el anciano más preocupado de la dama que tenía al frente que de la respuesta.&lt;br&gt;–Pues me temo que debo matarlo –y abrió su mano mostrándole una pastilla.
&lt;p&gt;La mujer le acercó el vaso de agua que estaba en el velador y el anciano se la tomó sin titubear.
&lt;p&gt;–¿Qué era? –quiso saber.&lt;br&gt;–Viagra –respondió la señorita levantándose de la silla y descorriendo las sábanas de la cama.
&lt;p&gt;Después se levantó el hábito y se subió a la cama y sobre el anciano. Con un movimiento vertical continuo, que a ratos parecía un tanto salvaje, la Muerte se hizo suya completamente. Se terminó de sacar la ropa y dejó que don Genaro recorriera con sus ásperas manos las suaves curvas y los maduros senos de su atacante. Conoció también al tacto de su propia boca esos labios carnosos que tanto le sugerían.
&lt;p&gt;A las cinco y media de la mañana, don Genaro falleció de un infarto al miocardio, como expresó el médico forense más tarde. Su familia recién vino a enterarse a las 7 de la mañana de ese mismo día, cuando su esposa le llevó el desayuno a la pieza.
&lt;p&gt;Su funeral se efectuó dos días más tarde, donde se dio cuenta de la calidad de intachable de este hombre, quien había sido un fiel esposo y un excelente padre.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+La+muerte+de+don+Genaro&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!661.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!661.entry</guid><pubDate>Wed, 28 Sep 2005 03:35:31 GMT</pubDate><slash:comments>5</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!661/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!661.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2005-09-28T03:35:31Z</dcterms:modified></item><item><title>Odisea en los pastos</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!620.entry</link><description>&lt;img height=96 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" width=96 align=left&gt;
&lt;p align=right&gt;&lt;em&gt;(Un cuento del 29 de septiembre del 2004.)&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;–Llegas tarde.&lt;br&gt;–Disculpa –le digo tendiéndole la mano–, estaba un poco lejos.&lt;br&gt;–¿Haciendo qué? –me pregunta.&lt;br&gt;–Estaba con una ayudante en Bachi.&lt;br&gt;–¿Bonita?&lt;br&gt;–Mm… no particularmente.
&lt;p&gt;Estamos en las canchas. En Machupicchu específicamente. Mi amigo saca un cigarrillo y caminamos rodeando la pileta hasta el sauce.
&lt;p&gt;–¿Entonces qué hacías con ella?&lt;br&gt;–Le estaba cambiando la vida. O sea, al menos eso intentaba.
&lt;p&gt;Me negó con la cabeza mientras prendía el cigarrillo. Masculló algo como: «No entiendo».
&lt;p&gt;–No sé –le dije–. Cuando la vi por primera vez, supe que era mi deber cambiar su vida.&lt;br&gt;–Tú y tu deber –acotó lamentándose.&lt;br&gt;–Bueno, sentí que “quería” cambiar su vida.&lt;br&gt;–Me suena muy a Amélie. Te quedaste traumado con esa película.
&lt;p&gt;Le eché una mirada, pero no dije nada. Sus vestimentas tan añosas me dieron una excusa absurda para desdeñarlo por un instante.
&lt;p&gt;–Presentí que esta ayudante necesitaba que alguien irrumpiera en su vida. Que se diera cuenta que existen más personas en este mundo. Y que la gente se preocupa por otra gente. Que no somos islas… –no terminé la idea. Me sentí como cuando uno habla de sí mismo, pero refiriéndose a otro. Esa especie de proyección en los demás de los problemas que uno tiene.&lt;br&gt;–Oye, sentémonos aquí.
&lt;p&gt;Nos pusimos bajo el sauce mirando hacia la pista.
&lt;p&gt;–¿Y qué onda la Beba? –preguntó antes de aspirar el cigarro. Después me estiró la mano ofreciéndome–. ¿No sabe?&lt;br&gt;–No tendría por qué saber –le dije. Rechacé el ofrecimiento–. Además que no estoy haciendo nada malo. O sea, yo nunca hablé de algo serio con la ayudante.&lt;br&gt;–¿Y algo en hueveo?&lt;br&gt;–¡Tampoco! –alegué–. ¿Cómo siempre viendo las cosas en términos sexuales? Aparte que pateé a la Beba.&lt;br&gt;–¿Qué? –preguntó frunciendo el entrecejo–. ¿Cuándo?&lt;br&gt;–El viernes, en el carrete del Lalo.&lt;br&gt;–¿Y cómo se puso? –siguió inquiriendo.&lt;br&gt;–No se ha puesto todavía –le respondí–. No le he dicho.&lt;br&gt;–Se va a querer matar cuando lo sepa. Esa mina sólo vive por ti. No tiene más vida. ¿Por qué la pateaste? ¿No ves que se va a suicidar? Tu deber se fue a la cresta.&lt;br&gt;–Tuve que hacerlo –le comencé a explicar–. Cacha que estábamos en la pieza del Lalo, muy entretenidos en la cama. Y cuando estábamos en la mejor parte, empiezan a tocar la puerta.&lt;br&gt;–Ya, ¿y?&lt;br&gt;–Weón, la mina me dijo que fuera a abrir. De hecho me obligó. Y estábamos en la mejor parte. ¿Sabís lo angustiante que es un coitus interruptus?&lt;br&gt;–O sea que abriste la puerta –me preguntó retóricamente.&lt;br&gt;–Sí po. Eran otros calentones que venían a hacer la gracia adentro. Y ahí se fue a la mierda todo. No estaba ni ahí con compartir mi lecho con unos adolescentes necesitados.&lt;br&gt;–Igual está bien. Total es para mejor. La Beba era fea.
&lt;p&gt;Ese comentario me dolió un poco en el orgullo.
&lt;p&gt;–Siempre reduciendo a las minas a su belleza –le contesté.
&lt;p&gt;Una niña rubia con shorts pasó trotando por la pista.
&lt;p&gt;–Me agrada ella –me dijo apuntándola y casi terminándose el cigarrillo.&lt;br&gt;–¿Viste?
&lt;p&gt;Tiró la colilla al suelo.
&lt;p&gt;–Ya, ya, basta de cháchara y a lo que vinimos –dijo y sacó de su bolsillo un paquetito de papel de diario–. Pero antes, vamos a fumarnos este manso lucazo que te tengo. Hay que darse ánimos. ¿Papelillo?
&lt;p&gt;Saqué mi billetera. Me la arrebató de las manos y empezó a hurgar.
&lt;p&gt;–Esto nos servirá.&lt;br&gt;–¡No! Mi foto de la Daniela Castillo no. Es lo único que tengo.&lt;br&gt;–Ah, de veras que ahora ya no tienes a tu Beba –me devolvió la foto–. Y a todo esto, ¿qué pasó el sábado con la Oblonga?&lt;br&gt;–Se supone que no puedo contarte.&lt;br&gt;–¡No! ¡Te la comiste, weón! Estái cagao… ¡Oh! Aquí tengo un papelillo.
&lt;p&gt;Se inclinó y empezó a liarse uno.
&lt;p&gt;–¿No sabía que estabas pololeando con la Beba? ¿O a esas alturas ya habías decidido patearla?&lt;br&gt;–Weón –le dije–, nunca nadie sabe que estoy pololeando.
&lt;p&gt;Se rió: –Eres un asco de ser humano. ¿Dónde quedó tu deber?&lt;br&gt;–Es lo que tengo que hacer. Soy el único espécimen que va quedando en este mundo que cree en la amistad hombre-mujer.&lt;br&gt;–Esa weá no existe –dijo categóricamente.&lt;br&gt;–Sí sé que no existe. Pero es como Dios. No importa si existe o no, lo que importa es si crees o no crees.&lt;br&gt;–¿Qué tiene que ver todo eso con que le digas al resto que pololeas?&lt;br&gt;–Las minas no quieren ser amigas de un weón pololeando –le dije.&lt;br&gt;–Quién te dijo esa mentira.&lt;br&gt;–Déjame creer lo que a mí se me ocurra, ¿ya?&lt;br&gt;–Bueno, pero qué tiene que ver eso con que te hayas comido a la Oblonga.&lt;br&gt;–Porque es mi amiga y me lo pidió –respondí.&lt;br&gt;–Sóplame este ojo. ¿A eso le llamas creer en la amistad entre hombre y mujer?&lt;br&gt;–Obvio. ¿A qué más si no?&lt;br&gt;–A mí me suena a todo lo contrario. Si te andas comiendo a tus amigas por ahí, te compro la “amistad”. A mí me suena a calentura.&lt;br&gt;–Mm, yo no lo veo tan sexualmente. Si ella me lo pide y yo soy su amigo estoy en el deber de hacer lo que esté al alcance de mi mano, ¿no?&lt;br&gt;–¡Tú y tu deber! El mundo no es un reino de fines, weón. Además que no te creo nada. Es obvio que hay toda una cosa turbia entremedio.&lt;br&gt;–Las minas lo único que quieren es que las quieran. Después de tirar con ellas te das cuenta. En sus gestos, en sus miradas. Están dispuestas a mucho con tal de que al final las abraces y se sientan refugiadas. Donde tú ves sexo, ellas ven cariño y apoyo.
&lt;p&gt;Se metió el pito a la boca: –No te creo.
&lt;p&gt;Lo prendió.
&lt;p&gt;Y nos lo fumamos entero.
&lt;p&gt;–¿Te volaste? –me preguntó después.&lt;br&gt;–Sí –le dije–. ¿Sabes? Después de que nos robemos el pato voy a cumplir mi sueño.&lt;br&gt;–¿Cuál es tu sueño?&lt;br&gt;–Casarme con un helado de manjar con tres leches. De los que venden en el Hall.&lt;br&gt;–Weón. Estái volao.
&lt;p&gt;Nos reímos.
&lt;p&gt;–Ya –me dijo–. Manos a la obra.
&lt;p&gt;Y nos saltamos la reja.&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Odisea+en+los+pastos&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!620.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!620.entry</guid><pubDate>Sun, 11 Sep 2005 19:42:34 GMT</pubDate><slash:comments>4</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!620/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!620.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2005-09-11T19:42:34Z</dcterms:modified></item><item><title>Conversación en la cafeta (o "La extraña desaparición del Dr. Haye")</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!611.entry</link><description>&lt;img height=96 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" width=96 align=left&gt;
&lt;p&gt;«No, loco –me dijo–, Haye nunca fue a Alemania. Esa es la historia que cuentan para el público. La verdad es otra. ¿Te has fijado en esa escalera a la entrada de la Escuela que está permanentemente &amp;quot;en construcción&amp;quot;? En realidad, era un experimento de Cornejo, una construcción basada en un modelo de M.C. Escher. Después de un asado de Escuela, Haye se confundió y se las ingenió para entrar a esta construcción que no tenía principio ni fin. Fue como a comienzos de año; estuvieron meses tratando de sacarlo de ahí dentro...»&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Conversaci%c3%b3n+en+la+cafeta+(o+%22La+extra%c3%b1a+desaparici%c3%b3n+del+Dr.+Haye%22)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!611.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!611.entry</guid><pubDate>Mon, 05 Sep 2005 20:17:19 GMT</pubDate><slash:comments>5</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!611/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!611.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2005-09-05T20:17:19Z</dcterms:modified></item><item><title>Conversación en la sala</title><link>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!480.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;img height=96 src="http://storage.msn.com/x1phIegJYkB8zMNlNnp7QobvYO_gVpWyej3aDcuuI9IZf7E72765vBnZTcVxOmesR8N_jJ11Gc6kLW1tL6HKjPuztFOgXmSBnK8WhScMkkF-GOkbustmcAx_EB0PqGRVWQfi2g8ylGm8hnhSP68YEIeZw" width=96 align=left&gt; 
&lt;p&gt;Las gotas chocaban con fuerza contra la ventana, cuando se abrió la puerta de la sala y entró un hombre. Llevaba un sombrero y un abrigo mojado que colgó inmediatamente. Tras esto se sacó las botas y se puso sus pantuflas.
&lt;p&gt;–Hola, John –escuchó desde su sillón favorito.&lt;br&gt;–Ah, eras tú –dijo John volteando su cabeza desinteresadamente–. No me di cuenta que estabas aquí –agregó mintiendo.&lt;br&gt;–Por cierto, que es extraño –le dijo su amigo lamiéndose la mano–. Generalmente acostumbro salir por las noches.&lt;br&gt;–A cortejar a algunas mininas de los callejones –agregó John.&lt;br&gt;–Bah –dijo su amigo ofendido–. Me ofendes terriblemente si crees que me meto con esas cualesquiera.&lt;br&gt;–No vas a negar que es lo que haces.&lt;br&gt;–Los machos tenemos algunas necesidades biológicas, John. Especialmente antes de primavera.&lt;br&gt;–Sí, sí, lo que tú digas –y mientras decía esto, John se sentaba en el sillón del frente y tomaba el periódico.&lt;br&gt;–¿No te pondrás a leer ahora? –le dijo su amigo–, ¿qué modales son esos?&lt;br&gt;–Mira quién habla de modales –replicó John sin despegar la vista del periódico–. Tú que estás en mi sillón favorito con mi ex bufanda favorita.&lt;br&gt;–¿Por qué dices ex?&lt;br&gt;–¿Pretendes que después de verte usándola me la vuelva a poner?
&lt;p&gt;Producto de un relámpago la habitación se oscureció. Un trueno resonó en la sala y dejó todo en silencio por unos instantes hasta que volvió la luz otra vez.
&lt;p&gt;–Si fuera por mí, te echaría de mi casa de una sola patada.&lt;br&gt;–Vamos, John, no lo dirás en serio.&lt;br&gt;–Por supuesto –le respondió–, tú eres un mantenido. Y si estás aquí es porque le agradas a mi señora.&lt;br&gt;–Pues debo decir que siempre tuve facilidad con las mujeres…&lt;br&gt;–¡Ah, ya deja de presumir!&lt;br&gt;–Mejor sería que fuésemos amigos, John.&lt;br&gt;–¿Para encontrarte después en mi cama con Lucy? Ja, ni lo sueñes –John dejó el diario de lado–. Conozco a los de tu tipo. Les dan una mano y te agarran del codo. Si no te has tomado más prestaciones en mi casa, es por que he hecho valer mi supremacía aquí.&lt;br&gt;–Bah, ustedes los hombres siempre en una falsa carrera por el poder. Deja eso de lado y confórmate. Como dice el viejo dicho: «Vive y deja vivir» –entonces tosió una bola de pelo–. Además mírame, ya estoy viejo. ¿Crees que me queda mucho tiempo en esta casa?&lt;br&gt;–Oh, deja de lloriquear...
&lt;p&gt;Entonces entró por la puerta de la sala la esposa de John, Lucy, con un plato de leche que dejó sobre el suelo.
&lt;p&gt;–Ahora corres a buscar tu comida.
&lt;p&gt;Y el gato se levantó de un salto y salió del sillón favorito de John.
&lt;p&gt;&lt;em&gt;[Un cuento sacado del baúl de los recuerdos. Data del 26 de mayo del 2003.]&lt;/em&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=3515788704138981443&amp;page=RSS%3a+Conversaci%c3%b3n+en+la+sala&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=santoposmoderno.spaces.live.com&amp;amp;GT1=santoposmoderno"&gt;</description><comments>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!480.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!480.entry</guid><pubDate>Sat, 25 Jun 2005 04:10:19 GMT</pubDate><slash:comments>6</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://santoposmoderno.spaces.live.com/blog/cns!30CA9732EF88F043!480/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://santoposmoderno.spaces.live.com/Blog/cns!30CA9732EF88F043!480.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2005-07-06T05:00:08Z</dcterms:modified></item></channel></rss>