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.: El rincón del Santo Posmoderno :.«Imposible conocerlo y no amarlo, amarlo y no seguirlo» (San Agustín) |
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December 17 Objetos que no existen
«Los objetos que no existen, no existen. Si tuviéramos que imaginarnos algo cuya existencia es inexistente, tendríamos que definirlo como algo que Dios odia. Este constituye el argumento más sólido en contra de los agnósticos. Si Dios no existiera, tendría que odiarse a sí mismo, y eso es, obviamente, un absurdo.» (p. 279) Todo está iluminado, Jonathan Safran Foer November 09 The Burger King
El otro día, revisando el fotolog de mi amigo Mauricio, me encontré con una singular alusión a "The Burger King". Este personaje vendría a ser lo que Ronald McDonald a la cadena de comida rápida del mismo nombre, es decir, el mascott de la marca. Una de las cosas que rápidamente notó Mauricio (y muchos otros) es el sentimiento de temor que infunde este sujeto. En sus propias palabras: «Bueno, lo que me traumó de este Rey, es que el rostro es sumamente perturbador. Me da miedo, y mucho. Como que si te lo encuentras en la calle, lo primero que habría que hacer es correr. Es brígido, parece asesino sicópata en serie, depravado el rey no más. Así que ya les advierto, si este personaje se establece en nuestro país, estamos condenados.» El lector podrá confirmar esta vivencia si visita alguno de los vídeos de YouTube. Lo que es a mí, este personaje me pareció el paradigma de lo que Freud (1919) llamó «lo ominoso». Lo ominoso es, en primera instancia, algo terrorífico o siniestro. En la misma línea de lo que experimenta Mauricio. Pero no es cualquier cosa siniestra sin más. Lo ominoso, según Freud, es aquello que resulta terrorífico por su cierto aire familiaridad. Hay dos cosas principales que llaman la atención de The Burger King: a) Su apariencia física. "The Burger King" es cuerpo humano y cara plástica. El elemento más tenebroso de su cara es seguramente el rictus. Está vestido de monarca pero no habla. Sus gestos más característicos son: (i) levantar el dedo como diciendo: "tengo algo para ti", (ii) el gesto de levantar las manos como el ademán que acompaña a una carcajada, pero sin reírse sonoramente. Recordemos aquí lo que nos dice Jentsch (en Freud, 1919) sobre eventos que pueden parecer ominosos: E. Jentsch destacó como caso notable la «duda sobre si en verdad es animado un ser en apariencia vivo, y, a la inversa, si no puede tener alma cierta cosa inerte». invocando para ello la impresión que nos causan unas figuras de cera, unas muñecas o autómatas de ingeniosa construcción. [...] Escribe Jentsch: «Uno de los artificios más infalibles para producir efectos ominosos en el cuento literario consiste en dejar al lector en la incertidumbre sobre si una figura determinada que tiene ante sí es una persona o un autómata, y de tal suerte, además, que esa incertidumbre no ocupe el centro de su atención, pues de lo contrario se vería llevado a indagar y aclarar al instante el problema, y, como hemos dicho, si tal hiciera desaparecería fácilmente ese particular efecto sobre el sentimiento» b) su modus operandi, el cual consiste básicamente en: (i) aparecer en un lugar extravagante, en el que su víctima no lo esperaría; (ii) mirarlo durante unos segundos y levantar su dedo como diciendo: "tengo algo para ti"; (iii) girar levemente para sacar su regalo escondido tras él; y, en algunas ocasiones, (iv) terminar con una broma, como ejecutando aquello que su víctima más temía antes de "descubrir" que The Burger King no era malo realmente. Respecto a esto, remito nuevamente a Freud (1919): Es preciso conformarse con destacar los más salientes entre esos motivos de efecto ominoso [...]. Helos aquí: la presencia de «dobles» en todas sus gradaciones y plasmaciones, vale decir, la aparición de personas que por su idéntico aspecto deben considerarse idénticas; el acrecentamiento de esta circunstancia por el salto de procesos anímicos de una de estas personas a la otra -lo que llamaríamos telepatía-, de suerte que una es coposeedora del saber, el sentir y el vivenciar de la otra. [...] A menudo y con facilidad se tiene un efecto ominoso cuando se borran los límites entre fantasía y realidad, cuando aparece frente a nosotros como real algo que habíamos tenido por fantástico, cuando un símbolo asume la plena operación y el significado de lo simbolizado, y cosas por el estilo. Justamente, como The Burger King, que extrañamente parece saber cuál es el sabor que necesitan sus víctimas. De hecho: tan ominoso como él mismo, es el hecho de que todas las personas aparecen desternillándose de la risa después de comerse el sándwich. Invito a los espectadores a conocer más a este personaje a través de sus vídeos en YouTube. (Hasta videojuego tiene.) |
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